ITINERA CLASSICA

Publicado el 19 de Febrero, 2006, 20:33

"haec precor, hanc vocem extremam cum sanguine fundo.
tum vos, o Tyrii, stirpem et genus omne futurum
exercete odiis, cinerique haec mittite nostro
munera. nullus amor populis nec foedera sunto.
exoriare aliquis nostris ex ossibus ultor               
qui face Dardanios ferroque sequare colonos,
nunc, olim, quocumque dabunt se tempore vires.
litora litoribus contraria, fluctibus undas

imprecor, arma armis: pugnent ipsique nepotesque."

                    VERGILIUS, Aen. IV, 621-629                  

"Esto pido, ésta es la última voz que derramo junto con mi sangre. Entonces, vosotros, Tirios, atormentad con odio a su estirpe y todo su futuro linaje, y dedicad estos presentes a mis cenizas. Que no haya ningún amor ni alianzas para los pueblos. Que nazca algún vengador de mis huesos, que persiga a los colonos dardanios a hierro y fuego, ahora o más tarde, en el momento que se tengan las fuerzas. Suplico costas contra costas, olas contra aguas, armas contra armas: que peleen ellos mismos y sus nietos".

Ésta es la interpretación de Virgilio del mito de Dido, que justifica el odio eterno entre los dos pueblos: Roma y Cartago. Dido, enamorada de Eneas, tras ser abandonada por éste, se suicida con el puñal que él mismo le había regalado, pero antes lanza una súplica de venganza.

Existe otra leyenda diferente, aunque igualmente trágica: Dido, Elisa en fenicio, fue la mítica reina de Tiro, que se vio obligada a huir de su tierra cuando su hermano Pigmalión asesinó a su esposo, Siqueo. Acompañada de nobles tirios llegó hasta las costas africanas y pidió a los nativos que le concediesen toda la tierra que pudiese abarcar una piel de buey. Éstos aceptaron y la reina cortó la piel en tiras tan finas que consiguió delimitar una gran extensión  de terreno, suficiente para fundar su propio imperio, Cartago, "Nueva Ciudad". Pero el rey libio, Yarbas, quiso después convertirla en su esposa, a lo que ella se negó. Como sus conciudadanos, que la habían acompañado en su huida, la incitaban a contraer matrimonio, fingió una ceremonia para librarse de los juramentos de fidelidad a su esposo, encendió una gran hoguera  y se lanzó a ella desde su propia casa.

Además de su aparición en la Eneida, la figura de Dido ha servido de inspiración a otros autores, como  Ovidio o Petrarca, y ha dado lugar a una famosa ópera de Purcell.

Por Conxa, en: Històries